Diamantes Caldas

Oviedo en la solapa. Diamantes de Las Caldas

 

Un Oviedo en la solapa de Manuel Gutiérrez Claverol, profesor del departamento de Geología de la  Universidad de Oviedo y directivo de la SP La Balesquida. 

 

Las Caldas de Oviedo no solo es famosa por su balneario de aguas termales, sino también porque allí aparecen unos llamativos cristales de cuarzo que no pasaron desapercibidos a los primeros estudiosos de las riquezas asturianas. Sin embargo, lo chocante de la cuestión es que se hayan denominado “diamantes”. Obviamente, la diferencia entre ambos minerales es notoria, el cuarzo (un óxido de silicio) nada tiene que ver con el diamante (carbono cristalizado).

La primera alusión a estos “diamantes” se remonta al año 1736 y la refiere el padre Feijoo en su “Teatro Crítico Universal”. Unos años más tarde Gaspar Casal también los recoge en su “Historia Natural y Médica del Principado de Asturias” (1762) y periclitando la centuria, el conde de Toreno los menciona en un discurso que pronunció en la Sociedad Económica de Asturias el año 1785. Y, como no podía ser de otra manera, el sabio Guillermo Schulz (1858) reparó en estos bellos ejemplares, denominándolos jacintos de Compostela.

El mineral presenta una morfología prismática hexagonal con apuntamientos en los extremos y dominante coloración negruzca (cuarzo ahumado). Estuvo muy extendida la costumbre entre los clientes de la Casa de Baños de Las Caldas recoger por los aledaños de Priorio estas geométricas piezas, aprovechando el excesivo tiempo libre disponible una vez concluidas las sesiones hidroterápicas.