gallinas

Oviedo en la solapa. Puchero del enfermo

 

 

PUCHERO DE ENFERMO

 

No piensen que siempre fue igual, en la actualidad basta dirigirse al super de la esquina y cargar de pechugas, zancas o alitas de pollo nuestro morral, están al alcance de cualquiera. Ya llovió, fue en la primavera de 1867, cuando instalaron en la plaza de los Trascorrales un puesto de venta de aves, chorizos extremeños y otros alimentos. Hasta una familia artesana, por una peseta, podía permitirse el lujo de comprar una gallina y dividirla en cuatro porciones para su consumo. Escaso tiempo duró la felicidad en casa del pobre; las de la cresta roja, tanto encarecieron que casi llegaron a ser artículo de lujo. En realidad, cuando algún miembro de la familia necesitaba un buen reconstituyente tenían que recurrir al caldo de gallina y eso era un dispendio. No hablo ya de un cantarín gallo, inalcanzable para la clase trabajadora.