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Monthly: julio 2022

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Un recuerdo para el Ideal Rosales en la calle Foncalada, Oviedo.

Su bolera fue escenario de importantes competiciones. Lo mismo ocurría con las partidas de rana o llave, con las veladas de boxeo y sus gallos pelearon con los mejores de la región.  El hecho de tener tantas diversiones atrajo a su vez tertulias de jugadores de mus y peñas de aficionados a los bolos y sobre todo a los amantes de las peleas de gallos.

 En el Ideal Rosales estuvo  instalado el primer edificio social de la Federación  Asturiana de Bolos y el domicilio social de la primera «Agrupación Ovetense de Ranas». A su vez, las competiciones de  «llave» contaron con grandes figuras del momento.

Un atractivo dominguero eran los bailes. Las verbenas se celebraban más esporádicamente, pero ambientadas con profusa iluminación alimentada con farolillos de colores, lo propio de la época.

Desde 1924 y después de pasar muchas vicisitudes inherentes a los tiempos que le tocó vivir, cerró sus puertas el 13 de Junio, festividad de San Antonio.

 Por aquel entonces la tecnología que impera hoy en todos los campos estaba a años luz, pero los ovetenses del pasado siglo no se aburrían,  tenían un gran juego de diversiones para escoger, unas más propias del verano y otras del invierno, pero siempre «había diversiones en cartelera»

Una solapa de Carmen López Villaverde

FUENTE: Luis Arrones Peón «La hostelería del viejo Oviedo»

IMAGEN: Facebook T Oviedo. En la foto, donde está la ropa tendida, estaba ubicada la sidrería-bolera «IDEAL ROSALES»

Sobran los motivos para defender y apoyar la fiesta con más antigüedad de Oviedo.
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NUESTROS GENTILICEOS

Gentilicio es el nombre con el que se designa a los habitantes de un determinado lugar.  La palabra procede del latín y en la antigua Roma hacia referencia a la tribu o linaje al que se pertenecía y acompañaba al nombre de la persona. El gentilicio de los habitantes de Oviedo es el de ovetenses como corresponde al lugar de nacimiento. Sin embargo a los ovetenses también se les asignan otros, basados en la historia de la ciudad, que están considerados como los más curiosos de la Península. Son:

Gatos del Forno
Carbayones

Cada uno tiene su fundamento y están muy vinculados a la vida ciudadana. El primero se remonta al siglo XVI cuando en 1521 el día de Nochebuena un pavoroso incendio provocado por los hornos de pan, destruyó parte de la ciudad, rodeada por la muralla. Por lo que fueron sacados después extramuros, a la Puerta Nueva o zona del Campillín. Los noctámbulos que tras el «toque de queda», tenían las puertas de acceso cerradas se quedaban disfrutando de lo que serian los «botellones»  de entonces, en un lugar nada recomendable, al calor de los hornos de pan, en las frías noches de invierno. De ahí deriva el nombre. Fuera de Oviedo «gato» designa a los nacidos en Madrid, pero su origen es bien distinto. Se dice que proviene de la Reconquista cuando el rey Alfonso VI pone sitio a la ciudad. Uno de los soldados escaló la muralla con tal agilidad que se le comparó con un gato. 

CARBAYÓN, deriva como es sabido, del mítico roble talado el 2 de Octubre de 1878 para abrir la calle de Uría en dirección a la estación del Norte. Una placa conmemorativa en el mismo lugar donde estuvo, sirve de merecido recuerdo. Carbayón, pasó a identificar con los ovetenses un rico dulce de almendra, típico de las confiterías de la capital y los «Gatos del Forno» dieron lugar a un grupo musical.

Las tradiciones son las que nos identifican y marcan las diferencias.


FUENTES:
Carlos López LLaneza, blogpost
El tesoro de oviedo.es
Historia de una calle LNE
Pliegos de Cordel, Carmen Ruiz Tilve


Una solapa de Carmen López Villaverde

 

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CARLOS SIERRA. Pintor

Carlinos es un hombre que acaricia con la mirada. Uno de esos tipos irrepetibles. Aunque nacido en Lieres, por merecimiento propio, ostenta el título, me atrevería a calificarlo de Carbayón de honor. Fuimos vecinos muchos años, Carlos Sierra, tenía su estudio en un piso del Pasaje. Raro era el día que no entraba por la librería a charlar mientras ojeaba algún libro de arte, y cuántas horas consumimos comentando sus pinturas. Siempre fue una persona comprometida con la naturaleza, de ello dan fe preciosos bodegones de hojas, plantas, frutos y flores.

Lo mejor será escuchar sus propias palabras en la entrevista concedida a “La Nueva España” en 1982. “Salgo a pasear por las calles de Oviedo, al amanecer. Camino relajado, dejándome llevar. Me detengo en cualquier esquina, ya no sé dónde estoy. En cualquier callejuela. Niebla sutilizando las líneas de edificios que despiertan sacudiendo las legañas de sus balcones. Vallas de hierro cargadas de gorriones…” Esa es la maravillosa inspiración de este pintor universal.

Carlos Sierra, enamorado de las tradiciones ovetenses, donó a La Sociedad Protectora de la Balesquida, el año 2005, un precioso cuadro que ilustró la portada de aquel año y que hoy mostramos con orgullo en nuestra pinacoteca. Querido Carlos, esperamos verte de nuevo, totalmente recuperado, paseando por Oviedo, charlando con los amigos y, sobremanera, haciéndonos gozar con tu maravillosa pintura.

16/11/2018

Una solapa de Alberto Polledo Arias, directivo de la Sociedad Protectora de la Balesquida.

 

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LAS SALAS DE BAILE DE ANTAÑO

Si echamos la vista atrás y comparamos las diversiones actuales de los ovetenses con las del pasado siglo el contraste es tan grande que parece que no hablamos de la misma ciudad. Si hace poco recordábamos los cines hoy recordaremos otros lugares de diversión que hicieron historia en Oviedo.

Fueron LAS SALAS DE BAILE, muy numerosas tanto dentro como en los alrededores de la ciudad, un aliciente para la juventud de entonces. Las había de diferentes tipos, unas mixtas, como el Pabellón  Bombé, al que le dedicamos una solapa (2-4-2020), donde el espectáculo de cabaré alternaba con el baile.  Otras como el Babel, en la calle Cervantes alternaba los bailes con los combates de boxeo, la lucha libre o las peleas de gallos. También se organizaron allí populares concursos de canción asturiana patrocinados por el desaparecido diario Región.

En 1948 se inauguró en la calle Botas Roldán el Palacete donde los jueves acudían, porque era su día libre, las empleadas de hogar de los domicilios ovetenses, según la costumbre de una sociedad clasista. Un poco más alejado del centro estaba el Gran Casino en el barrio de Teatinos, donde los bailes estaban amenizados por las mejores orquestas regionales como la Negrero de Trubia o la Sicora Boys de Grado por citar 2 de las más destacadas.

En los meses veraniegos la juventud acudía a los merenderos que también ofrecían bailes con música-  disco y las canciones más novedosas, como los Monumentos o las Delicias en la falda del Naranco (solapa del 28-8-2020). Durante las fiestas de San Mateo se improvisaban recintos cubiertos, los entoldado y los centros sociales, como el Automóvil Club, el Centro Asturiano o el Club de Tenis programaba bailes en sus salones.

A las afueras de Oviedo, los tranvías, otro aliciente a añadir, llevaban a los amantes del baile hasta Colloto, Parque era uno de los más destacados. Pero de todos los nombrados como ejemplo y otros que para no alargar se quedan en el tintero, destacó entre los años 50 y 60 los Jardines de la Herradura en el campo San Francisco, plato fuerte de las fiestas mateinas (solapa 21-8-2020).       

Los bajos del Campoamor y Filarmónica o sala Alaska fueron 2 escenarios donde el aforo quedaba completo sobre todo si actuaba algún cantante de moda como ocurrió con el venezolano maestro de boleros, Lorenzo González, en la sala Alaska.           

Como los tiempos cambian fueron apareciendo nuevas salas con aires más modernos como el Ritmo Club en la calle Caveda. Los guateques, las boites, los pubs y las modernas salas dejaron paso a lo que la juventud fue pidiendo. El Canary en Foncalada, Estilo en Pumarín y la Moncloa en la calle Covadonga son los locales que cerraron una etapa más de las que vivieron los ovetenses.

FUENTES:  El blog de Acevedo: «El disfrute de las pequeñas cosas» 
LNE          

Una solapa de Carmen López Villaverde, directiva de la Sociedad Protectora de la Balesquida.